Nuestra bodega es un lugar abierto al viajero, una casa donde el vino cumple con la sana costumbre de obsequiarle. En estas tierras, al pie del Monte de San Pablo, cumplimentamos las obligadas labores del anfitrión. Nuestros vinos alegran la jornada del visitante en esa hermosa tradición secular de abrir las puertas al amigo desde esta caprichosa falla donde se ubica Señorío de Aylés y los impresionantes abismos rocosos, fruto del continuado lamido de calizas por las aguas de la Huerva y la propia rambla ribereña. Bienvenidos si venís, bienhallados si os llamamos.